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'Aftersun' es la experiencia de recordar hecha cine
‘Aftersun’ es un personal largometraje debut para su directora, Charlotte Wells
Lalo Ortega | 22/11/2022 a las 12:50 - Actualizado el: 28/11/2022 a las 12:22
“Aftersun (sustantivo): loción humectante aplicada a la piel para aliviar quemaduras solares y evitar el despellejamiento”.
Una sencilla definición de diccionario nos da una idea de por dónde va el largometraje debut de la directora Charlotte Wells –en salas de cine mexicanas desde este 17 de noviembre y próximamente en MUBI–.
Se trata de esas narrativas de “rebanada de vida”. En la superficie, esta no es más que la historia de las lánguidas vacaciones de una niña de 11 años, Sophie (Frankie Corio), con su joven padre, Calum (Paul Mescal, de La hija oscura), en un destartalado resort de Turquía.
Todo ello visto desde la melancólica perspectiva adulta del recuerdo y de los momentos capturados en video. Pero es la habilidad de Wells para evocar memorias de una forma tan palpable, de hacer del cine algo táctil, lo que dota a Aftersun de su belleza. Esta es una película que desprendería el olor del mar, de las personas y de un país si eso fuera posible.
Wells logra, en otras palabras, capturar en pantalla la experiencia sensorial de recordar por medio de las fugaces imágenes, palabras y sensaciones que se quedan con nosotros al pasar de los años.

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Sin embargo, y paradójicamente, falta un anclaje emocional. Intenta ser el equivalente de un bálsamo para después del sol aplicado al alma de una adulta conflictuada. Pero hay cuestiones de guión por las que no consigue el impacto buscado.
Aftersun: amor por medio del tacto
Uno de los aspectos que más destacan en la película de Wells es lo “táctil” que es. La directora y el director de fotografía, Gregory Oke, recurren con precisión y sutileza a movimientos de cámara y primeros planos que evocan las sensaciones que logramos recordar: el tacto cariñoso de los padres, los tímidos coqueteos púberes de un roce accidental, o la fascinación incómoda de una niña que descubre la sexualidad más descarada de los adolescentes a su alrededor.
Entre todo eso, llevado por una narrativa de padre e hija deambulando de un día a otro de sus vacaciones, Aftersun teje un mosaico casi onírico de viñetas con la textura nostálgica que hoy atribuimos a las polaroids. Parapentes que caen del cielo, el agua de la alberca que se ondea perezosamente, o adultos jugando al waterpolo con una emoción que los ciega a los intentos de la niña por participar.

Así, contado casi siempre desde la perspectiva de su protagonista infantil, Wells nos atrapa en el mundo de su relato, casi logrando hacer sentir los recuerdos de Sophie como nuestros. Hay una identificación garantizada entre ella y cualquier persona que tenga recuerdos felices de algunas vacaciones de verano.
Es en sus momentos más tradicionalmente narrativos donde Aftersun nos presenta las minucias de la relación entre padre e hija. O mejor dicho, las sugiere: Wells es casi lúdica al momento de mostrar detalles que dejan ver la verdadera naturaleza de su vínculo.
Debajo de la fachada idílica están las imperfecciones de un padre demasiado joven con frustraciones (no es casual que, en una película sobre el poder del tacto, su personaje comienza con un impedimento táctil), que hace lo que puede por una hija que, sin embargo, ama. Ella, a su vez, lo ama de vuelta a pesar de sus desfiguros y carencias.
Hay una singular belleza aquí que, sin embargo, se diluye cuando la directora encuadra el relato como recuerdos de una Sophie adulta (interpretada por Celia Rowlson-Hall, quien bien podría ser una doble de Wells). La protagonista adulta se asoma en el relato por lapsos breves y de textura surrealista, conectada por un endeble a la narrativa del pasado.
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La vemos mirando los viejos videos de sus vacaciones, una de las pocas maneras que tiene de recordar a un padre que, metafóricamente, encara en el caótico y enajenante espacio de una oscura discoteca. Loción para evitar el despellejamiento después del sol. El bálsamo emocional de las memorias para evitar rompernos como adultos.
Pero es aquí donde Well peca de ser demasiado sutil: si el corazón de su narrativa está en la reconciliación de nuestros recuerdos de alguien con su verdadera esencia con la perspectiva que otorga el tiempo, debería haber un anclaje emocional más sólido en la Sophie del futuro.
Sin embargo, Aftersun cae en la ambigüedad por exceso de sutileza. Puede que sea por designio: es un trabajo “emocionalmente autobiográfico” como lo describe Wells, quien perdió a su padre cuando ella era apenas una adolescente.
Estamos ante una película de una directora promisoria en busca de catarsis, y aunque es formalmente maravillosa, la identificación quedará limitada a quienes logren conectar con el idilio vacacional de la infancia.

Lalo Ortega es crítico de cine. Ha escrito para publicaciones como EMPIRE en español, Cine PREMIERE, La Estatuilla y más. Actualmente es editor en jefe de Filmelier.

Lalo Ortega es crítico de cine. Ha escrito para publicaciones como EMPIRE en español, Cine PREMIERE, La Estatuilla y más. Actualmente es editor en jefe de Filmelier.
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